LA MÁQUINA DE ESCRIBIR QUE QUISO SER MÚSICO
Nadie dudará de la importancia de la máquina de escribir en la historia de la humanidad, su aparición, a finales del siglo XIX, revolucionó el mundo de la escritura, y el trabajo administrativo. Sin embargo, a este gran invento le deparaba un futuro mucho más entretenido, fuera de las paredes de las grises oficinas.
La máquina de escribir, se ha convertido, hoy en día, en un objeto de coleccionista, una pieza de museo, y también en un instrumento musical tan digno que los grandes compositores Leroy Anderson y Erik Satie le dieron su oportunidad en el mundo de la Música, componiendo piezas que la incluían como un instrumento más
Leroy Anderson, compuso ‘La máquina de escribir’ en 1950, dando gran protagonismo a este
objeto de escritura dentro de la pieza musical. La máquina no se limita a acompañar la pieza con efectos sonoros, Anderson la convierte en solista de esta pequeña obra, esto supone su transformación de objeto de escritura a curioso instrumento de percusión, que como el propio compositor indica, debe ser tocado por bateristas por la precisión que tienen en los movimientos de muñeca. En “La máquina de escribir”, los sonidos de las teclas, timbre de la máquina y carro de desplazamiento son los protagonistas musicales a los que acompaña la orquesta.

